Los escombros de la Navidad: Osvaldo.

¿Qué habrá sido de él?

Tiene Osvaldo la piel y los ojos en la sombra de aquel Ecuador que dejó hace apenas ocho años. Lo puedes ver muy cerca de Capuchinos, haciendo lo que aquí llamamos “aparcar coches”, que no es ni más que ganarse la vida más dignamente que muchos de esos ladrones que se han hecho ricos detrás de una mostrador, acabando con los ahorros de toda la vida de una abuelita.

Hay días que le da la noche porque no han bastado  para recoger 5 euros y apura las horas como cuentas de un rosario, esperando la ùltima propina del día que le permita echarse algo a la boca antes de dormir.
Siempre correcto y educado, nunca ha tenido un mal gesto con algún vecino por no recibir propina. Sin más cuenta del banco que su  propio bolsillo, Osvaldo huyó de Ecuador dejando atrás a su madre, una 39 de cañón largó y una carrera de derecho inacabada. El hambre a veces en un pésimo consejero.
El otro día le pedí que me ayudara a subir unas bolsas a casa y me contó que llevaba  un día sin comer, lo invité a un buen plato de comida, postre y cerveza sin alcohol y charlamos durante un buen rato sobre tantas cosas aquella tarde, que a mi se me olvidó con quien hablaba, y él no se acordó de trabajar.
Me dijo: yo soy pobre, yo no tengo nada y sólo le pido a Dios salud, ni tan siquiera ya le pido ver a mi madre a la que hace más de ocho años que no veo, me decía. Qué duro debe ser no poder ver a tu madre por falta de dinero para un billete y no albergar más esperanza que ver el sol cada mañana.
Osvaldo  me cuenta que lo más duro fue dormir casi dos años bajo un cartón,  la crudeza con la que describía algún episodio de aquellas noches frías, la maldad premeditada de algunos, la exagerada bondad de otros. El frío no entiende de caridad y castiga, como la vida, al más expuesto, se te queda en los  huesos como cicatrices, perenne, húmedo y oscuro.

En estas fechas, el corazón se enternece y parece que nos volvamos buenos, como ese niño al que se le dice “pórtate bien que sí no, los Reyes Magos, te van a dejar carbón” y participamos en esas benditas campañas de recogida de alimentos y no no nos cuesta nada, como no nos costaría en marzo o en agosto aportar un kilo de comida. Pero no somos tan diferentes a nuestros niños: parece que esperamos a estas fechas para  ser buenos y que el carbón pase de largo en forma de remordimiento. Dile a un niño en febrero que sí no se porta bien los Reyes no le traerán nada en diciembre…

Me dice: hermano…

En un mes de esperanza como es diciembre  deberíamos recapacitar sobre sí todos somos hijos de la misma madre  o por el contrario somos hermanos de barrio.
En cualquier caso…ayudar a quien lo necesita, dar comida al hambriento, socorrer al necesitado y mostrar un poco de cariño y respeto por personas que sobreviven  con tanto esfuerzo es  lo que nos diferencia de los animales, y no sólo por el hecho de pensar que mañana nos pudiese tocar a nosotros

Le pedí que me hiciera una Carta de Navidad. No de Papa Noel.  Porque hay cartas más urgentes que las de los Reyes Magos, que no pueden aguantar hasta el día 5 de enero. A veces no es un juguete lo que está en juego sino la ilusión en sí misma, el tener ganas de respirar cuando amanezca el día….

Queridos Reyes Magos, os doy las gracias por la salud, la fe y la Esperanza. Solamente os pido una sonrisa en el rostro de la gente,  y que no me falte cada mañana la ilusión y la fuerza para seguir respirando.  Que no se quede un niño sin juguete, ni su madre sin trabajo, que se vacíen los hospitales y se llenen los mercados, mucha salud al enfermo y mucho trabajo al parado y una sonrisa en la cara pa empezar el nuevo año.
Que la gente colabore con lo poco que pueda, a veces cuando bajo a la calle le doy a “mi hermano” un zumo y unas galletas, otras veces le deseo un buen dia y otras le regalo una Antología de Machado.

No me siento mejor persona por hacer esto,pero seguro que él se siente mejor y eso es lo único que importa. No sólo se reparte el dinero y la propiedad, la compañia es lo más valorado por Osvaldo. Estar solo, cuando ya te has acostumbrado, no es estar, solo ser, existir.

Han pasado dos años de aquellas fechas y todavía hoy me pregunto si la raza y el coraje del negrito habrá pasado por encima de todo y hoy habrá encontrado su hueco y su compañía.

Santos Garrido
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