Los mayores aciertos

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Los mayores aciertos

En qué piensan los mayores cuando están como  ausentes? Cuando se sientan en un parque, cruzan los brazos y cierran sus ojos?

En  qué piensan cuando nos dicen que no piensan en nada, y esconden toda su sabiduría en un solo gesto?

Qué guarda en las alforjas alguien con tanto equipaje? Con tanta carretera en la vida y con el peaje necesario de los años?

Me gusta observar cómo viven su vida, cómo ven pasar la mía, con tanta prisa y con tanto estrés y no se inmutan porque ellos piensan de otra forma que nosotros todavía no alcanzamos a comprender. Admiro el sueñecito corto de los mayores, su forma de soñar estando atentos. Su manera de sonreír cuando los despiertas, como si lo estuvieran esperando como sí no se hubieran dormido nunca.

Y nos cuentan una y mil veces las cosas como cuando nosotros, de pequeños, los aburríamos con la misma historia, y los llevamos al médico como ellos hicieran con nosotros años atrás, una y otra vez, cada vez que fuera necesario,sin importar la hora , ni aquellas salas de espera. Nunca cambiaremos ni la mitad de los pañales que.  ellos nos cambiaron. Ni estaremos más cerca de ellos que cuando nos necesiten que suele coincidir con el momento en el que ya no saben pedir ayuda por olvido o porque se acostumbren al dolor.

Lo llamamos batallitas cuando son casi el papel y la pluma de una vida, experiencias  y pasajes de una historia fresca y radiante que poco a poco se apaga dejando a la luz una imagen como la de esas preciosas fachadas que nos dejó la Exposición del 29. Nadie llama vieja a la Plaza de España, hablan sus pasillos, sus escalinatas, cada uno de sus azulejos cuenta una batalla: historias que la historia impide que se olviden y se respeta al monumento porque cohabitamos ahora en un mismo espacio anteriormente habitado  por él.

Para un niño, los viejos nunca fueron sus abuelos, sino los de los demás, para un niño, su abuelo entra en el saco de los amigos, es el mago, el payaso, el de las chuches y los paseos, el de tu primera medalla de hermandad, el que te encendía el carbón del incienso en Cuaresma y mojó tu cabeza en el rio Quema, tu abuelo es quien te llevó al fútbol por primera vez y quien fue contigo por última…

Cuando eres pequeño, un abuelo es ese señor que te quiere mucho, que va contigo a donde quieres y que te dice cosas que no entiendes, es como Gandalf pero vestío normal. Es una persona que te aconseja, que te anima y te jalea cuando haces las cosas bien y que dice cosas como “que no se entere tu madre” cuando no las haces tan bien.

Una abuela te dice frases como “llevo to el día detrás de ti apagando luces”, que son las mismas que les dices a tus hijos cuando es a ti a quien le toca pagar la luz, es una mujer que no es tu madre porque no te ha parío, pero que daría toda su sangre, todo su aliento y ésta y mil vidas más por ver sonreír a sus nietos.

Cómo se ve la vida sin ellos, cómo alguien tan tranquilo puede dejar tal hueco cuando se va?

Cómo se llora la primera muerte cuando ya no están, cuando aún quedan llenos sus cajones de esas cositas que tanto nos llamaron la atención de pequeños y que ahora son un compromiso más afectivo que práctico?

Es la primera gran pérdida y el reloj del abuelo o los pendientes de la abuela nuestra primera herencia…el último gran tesoro. Atrás quedan hojas, corbatas y las fotografías, como las que hoy nosotros nos hacemos, pero sin color, algún día alguien mirará las nuestras en clave de pasado y pensará en lo fugaz de la vida, en sus abuelos, en esos amigos mayores que veíamos los domingos y que dejaron de llevarnos a la sierra un día para sentarnos en la mesa camilla y hablar con nosotros como sí fuéramos adultos.

Yo pido un mundo sin dolor para los mayores, un parque florido y soleado allá donde estén, que les dé cobijo. Pido un espacio de vida, no unas vacaciones hasta la muerte en un hotel de lujo. Pido que me cuenten quienes fueron, qué sintieron, cómo se empaparon de alegría y cómo sortearon sus tristezas. Pido saber cómo fue todo a traves de sus palabras no de los libros y que me cuenten esas cosas que se irán con ellos, pero sobre todo quiero quererlos y recordarlos con la luz en la mirada, aunque sea con los ojos cerrados en un parque, no apagados y condenados al olvido, sus recuerdos, sus palabras, su amor

Para qué cuando no estén…no se hayan ido.

Santos Garrido López

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